GAUTENADeclarada de Utilidad Pública ( 0. M. 31/7 / 81)
A lo largo de los últimos 30 años,
desde el pionero estudio en 1966 de Fish y colaboradores (1),
se ha venido administrando una muy diversa gama de medicamentos
psicotrópicos a las personas que presentan Síndrome
de Autismo. Desconocemos el porcentaje de dichas personas que
recibe estos medicamentos en la Unión Europea; pero, evidentemente,
es muy superior al 11% encontrado, por ejemplo, para el caso de
la población general de Francia (2). Así, algunos
trabajos desarrollados en U.S.A. hace unos años indican
que es norma el que en los programas que atienden a las discapacidades
del desarrollo, incluido el Autismo, la mitad o más de
los atendidos reciban, de manera continuada, medicación
psicotrópica.
A pesar de esta abundante práctica se debe
afirmar, a nuestro juicio, que este aspecto del tratamiento no
recibe la atención que merece y que se puede cuestionar
su utilización desde muy diversos parámetros.
El objetivo de esta presentación será
el revisar las limitaciones de los datos científicos que
sustentan la terapia medicarnentosa en el Autismo, analizar el
potencial uso y abuso de los medicamentos y ofrecer un modelo
estructurado de práctica, denominado PHARMAUTISME, que
pensamos ha de salvaguardar el uso de los fármacos psicotrópicos
desde una triple vertiente del rigor científico, la filosofía
de la mejora continua y el respeto a los derechos humanos de las
personas que los reciben.
1. LIMITACIONES CIENTIFICAS
Es conocido que los criterios diagnósticos
aplicables en el Síndrome de Autismo ni son siempre compartidos
por los investigadores de los diversos países, ni incluso
resisten la prueba del tiempo dentro de un mismo equipo de investigación.
Así, en función de los cambios conceptuales que
se desarrollan, varía cómo se denomina al Autismo
en la serie de Manuales Estadístico-diagnósticos
de la Asociación Psiquiátrica de Norteamérica
o las Clasificaciones Internacionales de Enfermedades de la Organización
Mundial de la Salud. Estos cambios de criterios reflejan el dinamismo
del campo e indican el gran interés prestado al tema, pero,
en este caso, lo que es bueno para la ciencia en general no lo
es necesariamente para la psicofarmacología aplicada.
La variabilidad de los criterios diagnósticos lleva a que
las muestras de pacientes no sean homogéneas y a que, por
tanto, la compatibilidad de los diversos trabajos sea limitada.
Además, el Autismo es un problema de escasa
incidencia, por lo que inevitablemente las muestras de pacientes
en las que se estudia la eficacia o ineficacia de un determinado
medicamento son pequeñas. En esa limitada escala, que
es de 23 pacientes como media en los estudios revisados por Campbell
y colaboradores (3), hay que contar con que la mitad de ellos
(el llamado grupo control) recibe frecuentemente medicación
no activa, denominada placebo, para precisamente poder ver si
los cambios observados en la otra mitad, la que sí recibe
el medicamento de prueba, no se observan en ambos grupos y son
imputables, estadísticamente hablando, al fármaco
bajo análisis. Así, en realidad, estaríamos
hablando, en la mayor parte de los estudios realizados, de muestras
de 10 o 12 pacientes en los que los investigadores aplican el
medicamento en cuestión. Por tanto, se desprende que resulta
algo atrevido el aplicar un producto concreto a un determinado
paciente, basándose únicamente en lo observado en
trabajos de tan pequeña escala, en los que aspectos importantes
tales como el emparejamiento adecuado, en base a variables críticas,
de los grupos de tratamiento activo y de control, o la posible
sensibilidad diferente de subgrupos de pacientes de la muestra
al medicamento en estudio son prácticamente imposibles
de controlar.
Finalmente, para complicar más las cosas,
como Campbell y colaboradores han acertadamente señalado
(3), los efectos positivos son raramente dramáticos e inmediatos
(y nosotros añadiríamos que seguramente lo mismo
ocurre con los efectos negativos o secundarios), por lo que las
escalas y cuestionarios de medida utilizados en los trabajos psicofarmacológicos,
han de ser adaptados para su uso en esta población. Dichas
adaptaciones deben de ser acompañadas de los consiguientes
estudios que demuestren una satisfactoria fiabilidad, esto es,
que se pruebe que dos personas diferentes obervando el mismo fenómeno
otorgan la misma puntuación ya que los criterios son meridianamente
claros y se ha convenido previamente los mismos; y una safisfactoria
validez, lo que quiere decir que el' instrumento es el adecuado
para medir el fenómeno que se dice estar midiendo.
Todos nosotros apreciaremos inmediatamente que muchos
de los fenómenos que acompañan al Autismo, como
la alteración en la comunicación social recíproca
o el pensamiento rígido y estereotipado son muy difíciles
de definir objetivamente (y por tanto, posteriormente cuanfificar).
Si a esto añadimos el que el comportamiento de la personas
con Autismo es el resultado de su interacción con el entorno
(por ejemplo, se conoce que el grado de conductas auto-esfimulatorias
depende de la riqueza del entorno en el que se encuentra el paciente,
que el grado de auto-organización depende de la disponibilidad
de claves visuales eficaces que le ayuden a funcionar adecuadamente,
y que el grado de conductas auto-lesivas tiene que ver con demandas
excesivas y una incapacidad para controlar el entorno) concluiremos
que la crítica de los trabajos psicofarmacológicos
exige una buena dosis de generosidad por parte de quien los examina.
Los investigadores son conscientes de las limitaciones
que hemos enumerado (y de alguna más, de señalada
importancia cómo es, por dar un último ejemplo,
el que muchos trabajos utilizan en su estudio una dosis fija
y no graduada del medicamento, cuando la práctica habitual
muestra que existen pacientes especialmente sensibles a dosis
bajas de estos productos y otros que sólo responden al
alcanzarse dosis más elevadas de lo normal), y deberíamos
pedirles que aclaren siempre las limitaciones metodológicas
de sus trabajos, a fin de evitar inducir conclusiones insuficientemente
justificadas. Pensemos que no es que actúen con intención
de engaitar. Simplemente ejercitan una difícil labor en
un campo que necesita de su interés y tienen que realizarla
con muchas limitaciones, algunas superables y otras insuperables.
Por eso, hay que requerirles rigor y humildad.
La humildad no ha sido históricamente la característica
de muchos estudiosos del tema del tratamiento psicofarmacológico
del Autismo. Ello podría haberse debido a la presión
generada por los consumidores, en nuestro caso algunos grupos
de familiares de las personas con Autismo que comprensiblemente
han respondido ciegarnente al señuelo de la curación
rápida, y también de ciertos medios de comunicación,
siempre dispuestos a anunciar noticias sensacionales.
Sólo a través de la concurrencia de
estos factores se comprende que en los últimos años
se haya acreditado (y posteriormente desacreditado) el que ciertos
fármacos "curen el autismo". Estos hallazgos
se añaden a la lista de recetas milagrosas tan acertadamente
recogida por Schopler (4), en la que gozan de compañías
tan poco prestigiadas como la modificación de conducta
o el abrazo forzoso. De hecho, Bailey (5) ha subrayado recientemente
la circunstancia peculiar de que, al contrario de lo que sucede
con muchos otros graves trastornos psiquiátricos, ninguna
medicación se ha demostrado eficaz en el caso del Autismo.
En el pasado, se llegó a decir que cuatro
tipos de fármacos eran eficaces "para el Autismo",
esto es que actuaban sobre los aspectos fundamentales del
Autismo. Nos referimos a los tranquilizantes, las megavitaminas,
la penfluoramina o, más recientemente, la naltrexona.
En general se cumplían con estos medicamentos las condiciones
siguientes. Su uso se basaba en un primer trabajo que presentaba
muchas de las limitaciones metodológicas anteriormente
citadas, su eficacia no se comprobaba cuando otros grupos de investigadores
independientes replicaban el trabajo; aparecían efectos
secundarios que inicialmente pasaban inadvertidos y, finalmente,
se abandonaba su uso indiscriminado. Esto sí, hay que
indicar que siempre se encontraban casos individuales en los que
cualquiera de estos medicamentos demostraban su eficacia, no para
el "autismo" en sí, sino para determinados
problemas presentados por un paciente concreto.
2. USO Y ABUSO DE LOS MEDICAMENTOS PSICOTROPICOS
Numerosos ejemplos evidencian que ciertos fármacos
pueden resultar útiles para afrontar, con mayor o menor
medida de éxito, algunos problemas que presentan las personas
con Autismo, tal y como se enumera en la siguiente tabla:
Medicamentos "para algunos problemas "
de las personas con Autismo
Epilepsia Negativismo
Autolesiones Cambios efectivos
Agresividad Ansiedad
Obsesiones Psicosis
Tics Hiperactividad
Apatía Estereotipias
En realidad, los últimos trabajos, como el
de Quintana y colaboradores (6), son representativos del cambio
que supone el pensar que la terapia farmacológica no actuaría
de una manera especial en estos problemas en el caso de las personas
con Autismo, sino que lo haría de manera similar a cómo
lo hace en otros grupos de pacientes con las mismas dificultades.
Estos autores muestran, por ejemplo, cómo los fármacos
estimulantes pueden ser eficaces para disminuir la hiperactividad
y aumentar la capacidad de atención en el caso de personas
con Autismo con hiperactividad asociada, del mismo modo que son
eficaces en el 70% de los niños y niñas con hiperactividad
y sin Autismo. Muchos recordamos aún el anterior planteamiento
que indicaba que había algo especial en el caso del Autismo
que hacía que los estimulantes no sólo no actuaran
igual que en el resto de las personas con hiperactividad, sino
que además estaban contraindicados por generar cuadros
de excitabilidad extrema.
Esta tendencia a utilizar los medicamentos con las
mismas bases, sean estas suficientes o insuficientes, que fundamentan
su utilización en el resto de la población es, a
nuestro juicio positiva. Por una parte desmitifica algunos de
los. problemas que presentan las personas con Autismo y, por el
otro, fomenta el que la psiquiatría en general y la psicofarmacología
en particular se aproximen a este campo. Es fácil predecir
que este acercamiento va a generar una profunda ambivalencia lo
mismo en profesionales de la educación que van a temer
que se reduzca la importancia de su labor, como en grupos de familiares,
que recuerdan los abusos de una psiquiatría tan ignorante
como dogmática en un pasado todavía reciente (o
en un lamentable presente, en el caso de ciertos países).
Nuestra manera de ver el tratarniento del Autismo
como un tratamiento de tipo multimodal (por cierto, al igual que
el resto de los problemas psicológicos que aparecen en
la infancia) exige una contribución respetuosa de los diversos
participantes, padres y profesionales, y una participación
multiprofesional de las y los profesionales que desde el campo
de la educación, la salud y los servicios comunitarios
contribuyen al mismo.
Así, a la hora de plantear el
posible uso de los medicamentos psicotrópicos en las personas
con Autismo, aplicaríamos el siguiente decálogo:
Gualtieri (7) ha señalado que la psicofarmacología
es un tema empírico, pero ello no implica que no tenga
principios que seguir. Siempre es un asunto de intento y error
y, frecuentemente, hay tantos errores como intentos, pero aunque
la visión terapéutica sea limitada no debe ser ciega.
3. PHARMAUTISME: UN MODELO ESTRUCTURADO DE
PRACTICA
Por tanto, ya que no podemos depender de manera absolutamente
fiable, como hemos visto anteriormente, de los estudios psicofarmacológicos
publicados, sugerimos aplicar una estrategia basada en dos aspectos
que entendemos complementarios:
a. Más que plantearnos si un paciente determinado
se va a beneficiar de un medicamento ya que le hemos asignado
un diagnóstico concreto, se trata de establecer si en un
paciente dado un medicamento es eficaz para disminuir un problema
que hemos observado. Así la cuestión no sería
... ¿Presenta este paciente con Autismo suficientes síntomas
de hiperactividad/baja capacidad de atención como para
merecer un diagnóstico adicional y por consiguiente un
tratamiento específico de dicho problema?... sino más
bien ... ¿Mejora en este paciente el Metilfenitato su
capacidad para atender y realizar actividades de manera tan significativa
que se justifica el darle medicación?
Como pueden apreciar la diferencia está en
el foco de interés de la discusión. En el primer
caso debatimos sobre la ausencia o presencia de un determinado
Síndrome; en el segundo sobre la eficacia o ineficacia
de un producto. En el primero asumimos que la Psiquiatría
ha avanzado lo suficiente como para afirmar que si somos acertadamente
precisos en nuestro diagnóstico deduciremos automáticamente,
a continuación, la terapéutica eficaz garantizada
para dicho trastorno; en el segundo planteamos humildemente que
es posible que un determinado fármaco sea eficaz para alguno
de los problemas de este paciente, en base a su similitud con
otros pacientes para los que ha funcionado, aunque nosológicarnente
padezcan trastornos diferentes.
b. Si seguimos el segundo razonamiento, y ciertamente
esta sería nuestra propuesta, dado el actual nivel de conocimientos,
el segundo aspecto a contemplar sería el cómo vamos
a ser capaces de establecer en el caso particular de este paciente
si la medicación le ayuda o no. Para ello hay que plantearse
cada situación como un caso de los que se denominan de
diseño único. En esta metodología descrita
por Kazdin (8) para los estudios de eficacia de programas conductuales
y por Pelhain (9) para la valoración terapéutica
de medicamentos estimulantes, y que por razones de tiempo no podemos
detallar exhaustivamente ahora, cada paciente se constituye en
su propio caso de investigación y sirve como su propio
sujeto control.
En síntesis, se trata de una vez seleccionado
o seleccionados los medicamentos que pueden ser eficaces para
el problema específico que queremos eliminar (sea éste
la hiperactividad, los cambios llamativos de humor, el trastorno
de] sueño o las crisis de agresividad o cualquier otro),
se trata de definir de manera operativa el problema a tratar,
formar a las personas que rodean al paciente (familiares y profesores)
sobre como anotar los cambios observados y, posteriormente hacer
el estudio individual con el medicamento. Puede haber muchas
variaciones metodológicas pero, como mínimo, debería
contarse con dos fases, una (a) en la que no se toma el medicamento
y otra (b) en la que se administra el fármaco en cuestión.
Según las circunstancias se puede empezar por una fase
(a) de observación y anotación y continuar con la
(b). Si se trata de una situación de urgencia se puede
iniciar con la (b) y dejar para después la (a).
Si existen dudas se puede hacer un diseño (a) (b) (a)
o incluso (a) (b) (a) (b). También se pueden ir alterando
diferentes dosis (a) (b-primera dosis) (a) (b-segunda dosis) o
alterando medicamentos (a) (b) (a) (c). Obvimnente la duración
de cada fase ha de ser porporcionada y durar más o menos
en función del tiempo de latencia de cada medicamento para
iniciar su acción.
Cuanto más ignorantes permanezcan quienes
anotan los posibles cambios sobre la fase particular en la que
se está, tanto mejor; menos probabilidades tendremos de
que involuntariamente haya un sesgo en sus observaciones en base
a expectativas positivas o negativas que puedan tener sobre la
medicación en general. Esto se puede hacer en base a ocultar,
de manera acordada, esta información a quienes no administran
la medicación (y hacer que estas últimas personas,
los dispensadores, no registren los cambios) o si se quiere hacer
de manera aún más sofisticada, utilizando placebo.
Hoy en día muchas farmacias preparan cápsulas,
que siendo iguales por fuera, unas contienen el medicamento en
estudio y las otras un compuesto inactivo, generalmente lactosa,
para que sólo quien tenga el código de administración
en la clínica conozca si ese día le ha correspondido
medicación activa o inactiva. A esta última metodología
se le denomina de "doble ciego", esto es, ni quienes
dan el producto ni quienes anotan los cambios, conocen lo que
se está administrando y así mejoramos la objetividad
del estudio.
Al finalizar el estudio se rompe el secreto y las
partes son informadas sobre el resultado; sobre si, en definitiva,
el medicamento ha tenido algún efecto sobre el problema
que era nuestro objetivo. Adicionalmente se constata si ha habido
efectos negativos, tanto en unas fases como en las otras. Muchas
veces resulta muy aclaratorio el comprobar que en las fases con
placebo se anotan efectos secundarios de los que se hubieran culpado
a la medicación activa.
Con todos estos datos es posible determinar, en cada
caso particular, si la medicación añade alguna ventaja
significativa para la educación y el bienestar de la persona
con Autismo, y de si esa ventaja supera los posibles efectos
secundarios observados y el riesgo de efectos posteriores más
a largo plazo.
Esta metodología del diseño de caso
único no es excesivamente complicada y creemos que debería
ser, hoy en día, la buena práctica habitual a la
hora de iniciar un tratamiento psicofarmacológico en todas
las personas, incluidas especialmente aquellas que en función
de sus discapacidades no pueden informamos eficazmente sobre sus
vivencias al recibir medicación, y, por supuesto también,
a la hora de finalizar el mismo, cuando se trata de decidir sobre
si merece o no la pena continuar con el tratamiento.
Sin embargo, durante la fase de mantenimiento de
la medicación, sería más realista el no exigir,
aunque teóricamente resultara ideal, esta continuada actitud
investigadora por parte de familiares y profesionales. Para,
sin embargo, estructurar un protocolo de seguimiento que garantice
una práctica de calidad que ni todos, ni siempre, aseguramos,
estarnos elaborando en GAUTENA, un programa regional para las
personas con Autismo en Gipuzkoa, un programa que hemos denominado
PHARMAUTISME, que creemos puede ser de utilidad para otras instituciones
y que está a su disposición.
Debe quedar claro que aunque adaptable, nuestro protocolo
no es automáticamente transferible. Otros programas pueden
tener criterios diferentes y justificar sus diferencias con buenas
razones. Así, no ofrecemos dogmáticarnente nada;
si en todo caso algo de dogma habría, sería únicamente
en que cada institución debería desarrollar su propio
sistema, para que los profesionales y los usuarios tuvieran unos
parárnetros claros a los que ajustarse.
Quizás sea importante el recalcar que este
esfuerzo se acompaña de otros en la línea de la
mejora continua, en el sentido de que, tal como se presenta por
Barinaga (10) en este mismo Congreso, estamos dando pasos en GAUTENA
hacia lo que se denomina actualmente la gestión de la calidad
total. Para ello, entre otras cosas, estamos definiendo cómo
entendemos que debemos realizar los procesos fundamentales de
nuestro trabajo, protocolizándolos para autoevaluar (y
permitir también que otros evalúen) nuestro cumplimiento
con los parámetros que hemos definido como identificadores
de calidad en nuestras actuaciones profesionales.
El PRARMAUTISME se compone de tres elementos básicos.
Una ficha de introducción o entrada al sistema, unos manuales
de información para pacientes (o sus familiares cuando
ello esté indicado) y para profesionales y una ficha de.
seguimiento.
La ficha de introducción o de entrada al sistema
contiene, tal como se ve en el Anexo 1, los datos identificadores
del paciente y del médico que prescribe la medicación
y se complementa con el formulario del consentimiento a la terapia
emitido por el paciente, si ello fuera viable, o sus tutores legales.
También se añade cierta información sanitaria
básica que debe registrarse siempre en todo paciente que
recibe medicación (peso, tensión arterial, etc.).
La ficha de seguimiento, recogida en el Anexo 2,
incluye elementos administrativos, la tabla Efecto terapéutico
/ Efectos secundarios del Protocolo ECDEU del Instituto Norteamericano
de Salud mental (11) y un listado de posibles efectos secundarios
que hay que chequear en cada revisión. Existen hojas de
seguimiento diferenciadas para cada una de las "familias"
en que hemos clasificado a los venticinco medicamentos psicotrópicos
(Anexo 5) que con mayor frecuencia utilizamos en GAUTENA y que
se incluyen en la siguiente tabla:
Antipsicóticos Antidepresivos
Estimulantes Antiepilépticos
Ansiolíticos Otros
Finalmente, el manual de información para
los pacientes y sus familiares incluyen para cada grupo de los
antes citados medicamentos un resumen divulgativo en el que se
detallan los posibles efectos beneficiosos del medicamento en
cuestión, los efectos secundarios (clasificados entre los
más y los menos frecuentes) y las posibles interacciones
del medicamento con otros productos (Ver Anexo 3 - Ejemplo de
hoja informativa sobre el Haloperidol). El manual para profesionales
contiene para cada producto la misma información, ofreciendo
además la normativa de evaluación medica acompañante
recomendada, el tipo de seguimiento mínimo asignado y las
pautas estándares de dosificación (ver Anexo 4 -
Ejemplo de hojas informativas sobre el Haloperidol).
El conjunto del protocolo ofrece pues un marco estructurado
de lo que hoy en día se entendería como una práctica
de calidad en nuestro campo, reconoce el papel activo de los usuarios
y creemos que minimiza el uso abusivo o escasamente informado
de estos medicamentos.
Anticiparnos que al implantar progresivamente en
nuestro programa el PHARMAUTISME a lo largo de los próximos
meses, estaremos contribuyendo significativarnente a nuestro proceso
hacia la gestión de la calidad total y reiteramos nuestro
ofrecimiento para ponerlo a disposición de cuantos otros
programas lo juzguen de interés para su adaptación
o aplicación.
BIBLIOGRAFIA
1. Fish, B., Shapiro, T., & Campbell, M. (1966).
Long-term prognosis and the response of schizophrenic children
to drug therapy: A controlled study of trifluoperazine. American
Joumal of Psychiatry, 123, 32-39.
2. Suplemento de SALUD, El Mundo, Año
V, Nº 196, pag. S2 (4 de Abril de 1996).
3. Campbell, M., Anderson, L.T., Green, W.H. &
Deutsch, S.I. (1987). Psychopharmacology. In: Cohen, D. &
Donnellan, A, ed. Handbook of Autism and pervasive developmental
disorders. New York: John Wiley & Sons.
4. Schopler, E. (1989). Principles for directing
both educational treatment and Research. In: Gillberg, C., ed.
Diagnosis and treatment of Autism. New York: Plenum Press,
5. Bailey, A, Phillips, W. & Rutter, M. (1996).
Autism: Towards an integration of clinical, genetic, neuropsychological
and neurobiological perspectivas. Journal of Child Psychology
and Psychiatry, 3 7, 89-126.
6. Quintana, H., Birmaher, B., Stedge, D., Lennon,
S., Freed, J., Bridge, J. & Greenhill, L. (1995). Use of
methylphenidate in treatment of children with autistic disorder.
Journal of Autism and developmental disorders,
25, 283-294.
7. Gualtieri, C.T. (199l). Neuropsychiatry and behavioral
pharmacology. New York: Springer-Verlag.
8. Kazdin, A.E. (1975) Behavior modification in applied
settings. Homewood, Illinois: The Dorsey Press.
9. Pelham, W.E. (1993). Pharmacotherapy for children
with attention-deficit hyperactivity disorder. School Psychology
Review, 22, 199-227.
10. Barinaga, R. (1 996). Quality management in
services for people with Autism. 5th Congress Autism-Europe, Barcelona,
Spain.
Anexo nº 1
PROTOCOLO DE SEGUIMIENTO FARMACOLOGICO
FICHA DE INTRODUCCION
Apellidos...................................................... Nombre.......................................................
Fecha de Nacimiento ................................... Fecha Prescripción
Diagnóstico.....................................................................................................................
Medicaciones psicotrópicas anteriores: ..............................................................................
...........................................................................................................................................
Problemas a tratar:..............................................................................................................
...........................................................................................................................................
Medicación prescrita:...........................................................................................................
............................................................................................................................................
Profesional que prescribe:.....................................................................................................
Peso: .....................................Talla:.............................................................
T.A.: ..................................... Pulso:............................................................
Medicación actual (no psicotrópica):.............................................................
.....................................................................................................................
Alergias:......................................................................................................
...................................................................................................................
Analítica (última realizada):..........................................................................
.......................................................................................................................
Problemas relevantes de salud:.......................................................................
.......................................................................................................................
........................................................................................................................
Anexo nº 2 Pág.1
PROTOCOLO DE SEGUIMIENTO FARMACOLOGICO
FICHA DE SEGUIMIENTO ANTIPSICOTICOS
Apellidos........................................................Nombre......................
Problema a tratar...............................................................................
.........................................................................................................
Profesional que realiza el control......................................................
Observaciones...................................................................................
.......................................................................................................
.........................................................................................................
..........................................................................................................
TERAPEUTICO
Anexo nº 2
pag 2
EFECTOS SECUNDARIOS
A corto plazo
Comportamentales: Empeoramiento Agresividad
Irritabilidad Fobia escolar
Apatía
Tristeza
Hiperactividad
Extrapiramidales: Reacciones distónicas
agudas
Parkinsonismo
Acatisia
Akinesia
Sedación
Efectos endocrinológicos: Alteraciones de
eyaculación
Ganancia de peso
Ginecomastia
Efectos cardiovasculares: Taquicardia
Hipotensión ortostática
Alteraciones conducción cardíaca
Reacciones dermatológicas: Fotosensibilidad
Urticarias
Disfunción hepática
Alteraciones oculares: Visión borrosa
Retinitis pigmentosa (Meleril >10 mg/kg)
Alteraciones hematológicas: Leucopenia
Agranulocitosis (Leponex)
Anticolinérgicos: Sequedad de boca
Estreñimiento
Retención urinaria
Convulsiones: Síndrome Neuroléptico
maligno
A LARGO PLAZO
"Síndrome del Conejo"
Distonía tardía
Disquinesia tardía: - oculta
- abstinencia
Anótese cualquier tipo de reacción
no descrita presentada por el o la paciente:...................................................................................................................
..................................................................................................................................
Anexo nº 3
PROTOCOLO DE SEGUIMIENTO FARMACOLOGICO
INFORMACION: PACIENTES
HALOPERIDOL
El Haloperidol es un medicamento psicotrópico
que se utiliza para el tratamiento de la psicosis, trastornos
graves del comportamiento y enfermedad de los tics (Tourette).
Sus efectos positivos potenciales pueden incluir
la disminución de los síntomas psicóticos,
la mejoría de los tics y el control de la conducta agresiva
o aparentemente desordenada. También se ha utilizado para
tratar algunos síntomas de Autismo infantil. En general,
la mejora de los síntomas ocurre tras haber transcurrido
varias semanas de tratamiento.
EFECTOS SECUNDARIOS
Al igual que prácticamente todos los medicamentos
utilizados normalmente, el Haloperidol también puede producir
efectos secundarios:
Más frecuentemente:
Más infrecuentemente:
Se han descrito esporádicamente otros efectos
secundarios consistentes en alteraciones de la piel, sistema cardiovascular,
glóbulos de la sangre, etc.
La Disquinesia tardía es un trastorno consistente
en la aparición de movimientos involuntarios de la zona
peribucal y extremidades que puede aparecer tras años de
tratamiento con este fármaco. Este trastorno no es reversible
en algunos casos, mientras que en otros cede al suspender la medicación.
A fin de controlar su posible aparición es conveniente
el realizar revisiones periódicas, utilizando escalas adecuadas
como el AIMS.
INTERACCIONES
Se ha descrito en algunos pocos pacientes un cuadro
de afectación cerebral cuando recibieron Haloperidol combinado
con Plenur (Carbonato de Litio).
El uso de alcohol debe ser limitado en pacientes
en tratamiento con este fármaco, por su efecto hipotensor.
En algunos casos de epilepsia, el Haloperidol puede
modificar el efecto de los medicamentos antiepilépticos
utilizados. De la misma manera puede interferir con medicamentos
anticoagulantes, por lo que habrá de utilizarse con precaución
en estos últimos pacientes.
Anexo nº4
Pag 1
PROTOCOLO DE SEGUIMIENTO
FARMACOLOGICO
INFORMACION: PROFESIONALES
HALOPERIDOL
El Haloperidol es un medicamento psicotrópico
que se utiliza para el tratamiento de la psicosis, trastornos
graves del comportamiento y enfermedad de los tics (Tourette).
Sus efectos positivos potenciales pueden incluir
la disminución de los síntomas psicóticos,
la mejoría de los tics y el control de la conducta agresiva
o aparentemente desordenada. También se ha utilizado para
tratar algunos síntomas de Autismo infantil. En general,
la mejora de los síntomas ocurre tras haber transcurrido
vanas semanas de tratamiento.
EFECTOS SECUNDARIOS
Al igual que prácticamente todos los medicamentos
utilizados normalmente, el Haloperidol también puede producir
efectos secundarios.
Más frecuentemente:
Más infrecuentemente:
Se han descrito esporádicarnente otros efectos
secundarios consistentes en alteraciones de la piel, sistema cardiovascular,
glóbulos de la sangre, etc.
La Disquinesia tardía es un trastorno consistente
en la aparición de movimientos involuntarios de la zona
peribucal y extremidades que puede aparecer tras años de
tratamiento con este fármaco. Este trastorno no es reversible
en algunos casos, mientras que en otros cede al suspender la medicación.
A fin de controlar su posible aparición es conveniente
el realizar revisiones periódicas, utilizando escalas adecuadas
como el AIMS.
Anexo nº 4 - Pág.2
INTERACCIONES
Se ha descrito en algunos pocos pacientes un cuadro
de afectación cerebral cuando recibieron Haloperidol combinado
con Plenur (Carbonato de Litio).
El uso de alcohol debe ser limitado en pacientes
en tratamiento con este fármaco, por su efecto hipotensor.
En algunos casos de epilepsia, el Haloperidol puede
modificar el efecto de los medicamentos antiepilépticos
utilizados. De la misma manera puede interferir con medicamentos
anticoagulantes, por lo que habrá de utilizarse con precaución
en estos últimos pacientes.
EVALUACION DURANTE EL TRATAMIENTO
Deben medirse previamente el peso y talla, realizarse
analítica (recuento y fórmula, pruebas hepáticas
y renales) y descartar trastornos extrapirarnidales. Para los
movimientos anormales debe utilizarse la escala AIMS, administrada
cada 6 meses. A partir de los 6 meses de administración,
a excepción de los estados psicóticos activos, se
puede suspender la medicación durante 4 semanas, valorar
la aparición de movimientos anómalos y decidir la
indicación de continuar o no la farmacoterapia.
PROPUESTA DE SEGUIMIENTO
Controles clínicos: Mínimamente 6 meses
Analítica de control: 12 meses
AIMS: 6 meses
PAUTAS DE
DOSIFICACION
NINOS (>3 años) ADOLESCENTES
0.25 - 6.0 mg/día 1.0
- 15.0 mg/día
Mantenimiento: Habitualmente 50% de la dosis.
La vía intrarnuscular y los preparados DEPOT,
no se recomiendan en la infancia.
Niveles plasmáticos: Aún no disponibles
en Espafía.
Anexo nº 5
Relación de medicamentos incluidos en
el PHARMAUTISME
1.- Antipsicóticos
Haloperidol
Clotiapina
Tioridazina
Levomepromazina
Clozapina
Risperidona
Zuclopentixol
2.- Estimulantes
Penfluoramina
Metilfenidato
Pemolina
3.- Antidepresivos
Imipramina
Clomipramina
Maprotilina
Amitriptilina
Fluoxatina
Fluvoxamina
Paroxitina
4.- Antiepilépticos
A. Valproico
Carbamezapina
5.- Ansiolíticos
Diazepan
Alprazolan
Lorazepan
6.- Otros
C. de Litio
Propanolol
Biperideno
EFECTO
Ausentes No interfieren de modo significativo
Interfieren de modo significativo con la vida normal
Superan el efecto terapéutico
MAXIMO: Enorme mejoría. remisión sintomatológica completa o casi completa
MODERADO: Mejoría clara. Remisión sintomatológica parcial
MINIMO: Ligera mejoría que no modifica el nivel de atención
AUSENTE O EMPEORAMIENTO
Próximo control:
......................................................................................................